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A pesar de sus múltiples encantos, Lleida es una ciudad
desconocida. Los visitantes interesados en la historia y el arte hallarán en
ella un gran número de construcciones monumentales, que evidencian la variedad
de culturas que han dejado su huella en la ciudad: desde restos romanos y
medievales hasta construcciones mucho más actuales, como el Palacio de la Diputación, diferentes casas
modernistas o el nuevo Auditorio
Municipal Enric Granados. Mención aparte merece la antigua catedral de la ciudad o Seu Vella,
un destacadísimo edificio románico-gótico que domina la ciudad desde la colina
homónima.
A esta riqueza monumental hay que añadir la profusión de parques y espacios
naturales del municipio: el parque
de la Mitjana — área fluvial con zonas de ocio —, el parque lineal del Segre, los románticos
Camps Elisis, el popular Parque de Les Basses... Incluso la huerta que envuelve la ciudad
es una gran zona verde que invita a los paseos en bicicleta.
Los amantes de la fiesta y la algazara tampoco quedarán decepcionados de
esta ciudad: a la animada vida diurna y nocturna hay que sumar un calendario de
fiestas sorprendentes. Es el caso de las Fiestas de Mayo, de la representación de los Moros y Cristianos, de la Feria de Títeres, del peculiarísmo Aplec del Caragol, que reúne a miles
de habitantes de la ciudad y forasteros, o de las Fiestas de Otoño, de cariz más cultural. Sin olvidar otras
celebraciones destacadas, como el
Carnaval, la Semana Santa o la procesión de los Fanalets de Sant Jaume.
No podemos dar por concluido este breve resumen de la oferta cultural sin
referirnos a los museos de la ciudad, como el Museo de Arte Jaume Morera,la Sala Leandre Cristòfol, el Gabinete Numismático, Museu Diocesà de
Lleida o lla
Sala de Arqueología del IEI. La oferta musical, teatral y
cinematográfica de la ciudad también es notable; un buen ejemplo de ello lo
constituye la Mostra de Cine
Latinoamericano de Lleida que se celebra durante el mes de
abril.
Una amalgama de pueblos y civilizaciones ha
legado a Lleida una cultura rica e inquieta que se refleja en la moderna ciudad
que hoy es. Los ilergetas, de origen íbero, es un pueblo constituido a mediados de s. VI a.C. Su hábitat se sitúa
en lugares elevados por tanto es fácil imaginar Iltrida en la cima de la Roca
Soberana.
Sus caudillos más significativos fueron Indíbil y Mandoni, que
defendieron a los ilergetas de los cartagineses y romanos. Una vez vencidos, la
ciudad pasa a llamarse Ilerda, estamos en el año 205 de nuestra era. Las
crónicas romanas hablan de una ciudad fortificada con un puente de piedra que
constituía un municipio, creado en tiempos del emperador Augusto, que poseía
fértiles huertas que, al final del siglo III, fueron destruidas por bandas de
bárbaros germánicos.
Hacia los años 716-719, Lleida
fue ocupada por los sarracenos; los cuatro siglos de convivencia marcaron el
carácter de la ciudad.
En octubre de 1149, la ciudad se rinde a las tropas de Ramón
Berenguer IV y de Ermengol VI de Urgel. Se otorga la Carta de Población a la
ciudad el año 1150.
Jaime II, en el año 1300, estableció el famoso Estudi General,
que será, hasta finales del s.XV, el único centro de enseñanza superior de la
Corona de Aragón.

Desde 1382, el gobierno de la ciudad se instala en el antiguo
palacio de los Sanaüja, obra significativa del románico civil. A partir de ese
momento, el edificio pasa a denominarse Palau de la Paeria. El nombre de Paeria
corresponde al privilegio de Jaime I (1264) que sustituye el antiguo consulado,
de origen romano, por Paeria como forma de gobierno municipal.
El siglo XV supuso un período de proliferación de grandes
obras arquitectónicas que han perdurado hasta nuestros días, tales como el
Hospital de Santa María, sede del Instituto de Estudios Ilerdenses desde su
creación en el año 1942.
Los dos siglos siguientes fueron de recesión, agravados por
guerras y enfermedades que culminaron con la Guerra dels Segadors (1640-1652).
La ciudad quedó dañada y Felipe V encontró Lleida
en ruinas.
Finalmente, con el decreto de Nueva Planta (1714) Lleida perdió las libertades, el
régimen foral de la Paeria y la Universidad. La Seu Vella, cerrada al culto
desde 1797, se convierte en cuartel militar.
En el siglo XVIII la ciudad recupera su imagen y dimensión;
bajo el reinado de Carlos III se construye la Catedral Nova. Los nuevos
planteamientos ilustrados aportaron figuras, como Blondel y el Barón de Maials,
que dieron a la ciudad una fisonomía urbanística acorde con su papel de capital
de la provincia y la aplicación a los cultivos de los nuevos estudios de
agronomía.

A principios del siglo XIX Lleida sufre la invasión napoleónica. Una vez más, la ciudad se ve
obligada a rehacerse de los destrozos de las guerras y se inicia una nueva
etapa a partir de la segunda mitad del siglo XIX. El ferrocarril llega a la
ciudad en 1860; en 1864 se inauguran los jardines de los Camps Elisis y en 1865
el arquitecto Josep Fontseré elabora el primer plano urbanístico moderno de la
ciudad.
El comienzo del siglo XX supone la reafirmación del Estado
Catalán con la Mancomunitat de Catalunya. La guerra civil (1936-1939) destroza
la ciudad que, con 40.000 habitantes en el año 1940, necesita el esfuerzo de
todos para el crecimiento urbanístico, comercial y demográfico.
Actualmente la ciudad de Lleida,
con unos 127.000 habitantes, ha adecuado sus infraestructuras para acoger los
diferentes barrios que se han visto unidos al centro gracias a la construcción
del Pont Nou (1973), Pont Universitat (1993), Pont de Pardinyes (1995), la
Pasarela de Blondel (1997) y la recientemente inaugurada Pasarela de la Avenida
del Segre (2003).
En 1999 el antiguo matadero se convierte en el Teatro
Municipal del Escorxador y en el 2000 se termina la restauración de la puerta
dels Fillols de la Seu Vella. La expansión urbanística y la creación de nuevos
equipamientos han marcado el inicio del siglo XXI. Así pues, destacan la
inauguración del Museo de la Automoción –Roda Roda–, el nuevo Mercado Central
de Frutas y Verduras, la linea del AVE y el Centro de Arte La Panera.
En mayo de 2007 abrió sus puertas el castillo templario de
Gardeny, que acoge el Centro de Interpetación de la Orden del Temple y se
inaugurará el Museo de Lleida.
Importante será también este año para el desarrollo del proyecto de “La
Llotja”, Teatro-Palacio de Congresos de Lleida,
y la construcción del futuro Parador en el antiguo convento del Roser, así como
la rehabilitación del castillo de La Suda.

Lleida, una ciudad humana por sus dimensiones y hospitalaria por
tradición, es también un centro de servicios.
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